"Creo que en cualquier época yo habría amado la libertad, pero en los tiempos que corren me inclino a adorarla" (Alexis de Tocqueville)

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domingo, enero 06, 2008

Recomendación literaria



Una revolución silenciosa

Editorial: Libros Libres
Autor: Jesús Trillo-Figueroa

Los postulados del movimiento feminista han ido permeando poco a poco nuestra mentalidad. En la medida en que esto implica una mayor sensibilidad a la situación real de las mujeres, el feminismo podría ser la mayor conquista social que ha hecho el siglo pasado. Sin embargo, no parece claro que el feminismo que fomentan la mayoría de los gobiernos occidentales, y muy en particular el del socialismo español, ofrezca una imagen real de la mujer. Proponer un modelo de mujer equivocado puede tener consecuencias indeseables a las mujeres, a los varones y a la sociedad en su conjunto por las implicaciones que ello tendría en el modo que tienen las mujeres y los hombres de entenderse y convivir. En este libro de Jesús Trillo se ofrecen las claves del feminismo socialista que ahora está influyendo en la política, la cultura, la ley, la educación, la familia, etc. y se hace una propuesta de un feminismo realista, basado en la naturaleza humana misma y no en abstracciones de dudoso valor científico.

miércoles, noviembre 28, 2007

El silencio como complicidad - Pío Moa

El silencio como complicidad
Pío Moa
Libertad Digital


¿Cómo se llegó a lo que se ha llegado en las Vascongadas? En gran parte por el silencio cómplice o acobardado de quienes debían oponerse, empezando por los gobiernos sucesivos. Esa actitud duró demasiados años, el terreno perdido es muy grande y recuperarlo requiere de los demócratas un gran esfuerzo y una habilidad que no siempre les acompaña.

El éxito del “modelo abertzale”, anima cada vez más a esa “izquierda volátil” que sirve al gobierno para hacer el trabajo sucio, aparte del que le hacen otras terminales y la manipulación de los medios de masas. Manifestaciones de ello son, entre tantos, el chantaje permanente para silenciar a Jiménez Losantos o a Alcaraz, a César Vidal y últimamente a mí.

La sociedad debe ser consciente de que no se juegan ahí intereses personales, sino las libertades de todos, corroídas tenaz y sistemáticamente por los enterradores de Montesquieu, por los glorificadores de la checa, los disgregadores de España y los dinamitadores de la monarquía constitucional.

Es sintomático de la degradación de la política, de la involución democrática bajo el gobierno actual, que se amenace a una persona no ya por sus opiniones sino por decir la verdad, que a falta de poder rebatirle se le intente meter en la cárcel o se incite a su asesinato, como ha ocurrido varias veces en mi caso, que se lancen campañas de corte chequista contra ella y se intente utilizar la ley, manipulándola, contra la justicia y la libertad, que el ciudadano apenas pueda confiar en una judicatura politizada. Tales hechos definen a esas mafias empeñadas en romper con la historia real y enlazar con las convulsiones del Frente Popular, del cual se declaran herederas, muy justamente.

Los liberticidas esperan que sus fechorías pasen en silencio y que las víctimas más directas se sientan desasistidas y así “escarmienten” los demás. Cuando quienes tienen el deber de oponerse obedecen a las mafias y callan, no permanecen equidistantes o centristas, se convierten en cómplices del desmán.

Por lo que me toca directamente, expreso mi más profundo agradecimiento a las muchas personas que me han testimoniado su solidaridad y que están levantando su voz y haciéndose oír en protesta por estos atropellos de los totalitarios.

Ojo, Llamazares (J.C. Girauta, Libertad Digital) -actualizado-




Ojo, Llamazares
Juan Carlos Girauta
Libertad Digital
28/11/2007


A estas alturas de la democracia, gentes organizadas de IU se han permitido convertir a un ciudadano en caricatura para, una vez objetualizado, ponerlo dentro de una señal de tráfico que es el trasunto de una diana. La campaña es una amenaza en toda regla. Trata de amedrentar, aislar y, eventualmente, aterrorizar (es decir, bloquear, anular, anihilar, aniquilar) a Pío Moa.

Pío Moa no tiene cargos políticos ni representativos. Escribe libros. Ejercita su libertad de expresión y de opinión. Pero supone un grave problema para progres y nacionalistas, pues esos libros se venden por centenares de miles, aportan copiosa información en muchos casos inédita, denuncian los esquemas de la historiografía marxista (reconocida o no como tal) y beben en las fuentes de los denunciados, partidos totalitarios y golpistas de los años treinta. Partidos cuyas siglas perviven y cuyas ignominias de antaño intentan sus actuales gestores vendernos hogaño como glorias democráticas.

Bien. Pío Moa ya está dentro de una diana implícita. Una señal de tráfico con toda la redondez de una diana, con todo su rojo sangriento y con todo el obsceno uso del nombre del maldito. Y ya están ahí los pareados de parvulario con su nombre y apellido. De parvulario soviético. ¿Y ahora, qué?

Pues ahora pueden suceder varias cosas. Que lleguen a los jueces unas cuantas denuncias o querellas, o una sola acción judicial con decenas o centenares de denunciantes. Jamás se le condenará, y eso lo saben muy bien los neoestalinistas. No les importa porque la campaña no persigue, como se ha dicho, encarcelarle. Nadie ignora que eso es imposible. El fin es otro.

El fin es destruirle personalmente, excitar el odio contra él en una masa cuyos componentes, por supuesto, no se tomarán la molestia de leer a Moa. El fin es la muerte civil del hombre que tras largo y concienzudo trabajo ha acabado con el monopolio progre de la interpretación de la Segunda República y de la Guerra Civil. Interpretación que apenas merecía el calificativo de histórica, pues había devenido pura y simple prolongación –discretamente actualizada– de la propaganda del Comintern. Cansina repetición de consignas, tópicos y hechos sin contrastar a través de las décadas.

Hay otra posibilidad. Que las fieras que azuza la izquierda española actúen de acuerdo con el mensaje subyacente de esa señal que contiene la caricatura de Moa, y acaben de convertir en objeto al objeto mediante el atentado personal. No sé si Llamazares se da cuenta de la responsabilidad en que puede estar incurriendo su formación.



Actualización

Nuevas Generaciones del Partido Popular con Pío Moa.

Actualización

IU se desmarca de IU

lunes, noviembre 26, 2007

Quién trae votos (Jiménez Losantos)

Quién trae votos
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
El Mundo
26/11/2007

En la tarde del sábado centenares de miles de votos se manifestaban en Madrid, entre un oleaje de banderas nacionales, para apoyar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, perseguida vilmente en estos miserables años de Zapatero para facilitar su pacto con la ETA y minuciosamente injuriada por el Gobierno y sus perros mediáticos antes, durante y después de esta manifestación. Ese medio millón de votos concentrado en la tarde helada y luminosa de Madrid suponía, en sí, muchos votos, y representaba muchos más: los de millones de españoles que estarán siempre con las víctimas y jamás con quienes las machacan, como ZP y sus aliados, los mismos que siguen empeñados en pactar con los asesinos etarras para comprar unos años de poder, aunque sea a costa de hundir la nación, la Constitución, el Estado de Derecho y la idea misma de ciudadanía.

En esa misma manifestación se vio clara la profunda grieta electoral que existe en la izquierda, puesto que frente a los insultos de Blanco y De la Vega contra la AVT, allí estaban Rosa Díez y Mikel Buesa de UPD, o Albert Rivera, de Ciudadanos. No sé, ni sabe nadie, los votos que migrarán del PSOE a estos partidos pequeños, ni los que irán al PP, ni los que, en la duda, se abstendrán, pero estamos ante una situación muy fluida en la que la gente de izquierdas con una idea de España tendrá la oportunidad y sopesará la posibilidad de cambiar su voto. Una parte esencial del PP (toda, si no hubiera faltado Rajoy, porque Gallardón es una alternativa a Rajoy y al PP que conocemos) estuvo este sábado en Madrid defendiendo lo que la derecha considera sagrado e irrenunciable. Y, atención, también demostrando a los que se manifestaban con UPD o Ciudadanos que puede ser más útil a la nación votar al PP en las elecciones del próximo mes de marzo.

Hace mucho que en buena parte de España, la divisoria entre PSOE y PP no es la clásica entre izquierda y derecha, la lucha de clases de antaño, sino la nación española como principio a defender o fortaleza a abatir. Hace años que la izquierda más ilustrada viene desangrándose hacia el PP, porque éste defiende una idea más clara de los derechos de los españoles como ciudadanos y de los ciudadanos como españoles. Sí, es verdad también que una parte cada vez mayor de la izquierda y esa franja de voto que suele denominarse de centro asumen el nuevo régimen que de hecho fundan el Estatuto de Cataluña y el pacto PSOE-ETA. ¿Pero alguien cree que los que aceptan ese nuevo régimen votarán a Gallardón antes que a Zapatero? ¿Y alguien cree que los que están con la AVT y votan PP no votarán a Rosa Díez o a Ciudadanos antes que a Gallardón? ¿Quién trae más votos al PP? ¿Los que huyen de las víctimas o los que las arropan?

viernes, noviembre 16, 2007

El guateque - por David Gistau en El Mundo

El guateque
DAVID GISTAU
El Mundo
16/11/2007



A la imagen de la Guardia Civil, con sus chalecos reflectantes y sus pipas al cinto, entrando en dependencias del Ayuntamiento de Madrid sólo le faltan 'Cachuli' y 'la Pantoja' para terminar de degradar a la conversación bajo el secador de pelo a un consistorio regido por una vocación de estadista y una voluntad de transformar el poblachón en París. Y que de pronto se nos aparece penetrado por los Soprano y reducido a una estampa cañí propia de la antología del tardo-gilismo.

Para la cúpula política, el daño es sólo estético, pero enorme. Y deja a Gallardón en una situación semejante a la de Jack Nicholson cuando en Algunos hombres buenos aplicaron un código rojo en su base: si no es culpable de haberlo ordenado, sí lo es de no haberlo evitado, ni siquiera cuando cualquier hostelero sabía que había que pasar por caja, exigencia que iba soldada al bastón de mando.

En todo caso, la intervención refuta una creencia que la ciudadanía tiene interiorizada. En la lucha contra la corrupción, de vez en cuando se ofrece al corral de comedias televisivo la cabeza de un alcalde más o menos excéntrico, y en absoluto protegido por las siglas tradicionales: un personaje del Tomate con el que resulte fácil hacer escarnio chabacano. Pero en cambio es menos habitual, aunque salten evidencias como la del famoso 3% catalán, que se ataque la endogamia de los partidos que gastan coartada de serios, que trenzan redes clientelares que placan la denuncia, y que administran sus pelotazos en palcos deportivos y en cenáculos harto más formales que el jacuzzi de Gil. A esto ha de deberse la sensación de impunidad con que delinquían los invitados al guateque del Ayuntamiento de Madrid, así como la convicción de estar asistiendo a una profanación que nos deja la imagen de la Guardia Civil irrumpiendo en un consistorio que no es de los excéntricos, de los autorizados por Salsa rosa.

De un tiempo a esta parte, Madrid, la ciudad en la que Suso de Toro percibe una «ciudadela de la extrema derecha» porque resiste como la aldea de los galos a la inmersión en el zapaterismo, se sintió orgullosa de sus éxitos, de su naturaleza integradora, de sus hechuras de gran urbe occidental. E incluso se pretendió una suerte de reproducción a escala experimental de lo que sería una España confiada de nuevo al PP. A alguien habrá convenido proyectar la imagen, a tan solo unos meses de las elecciones, de que esa posible España del PP es un lugar en el que la Guardia Civil se lleva los ordenadores y practica detenciones municipales, como en la peor Marbella.

El frente judicial asalta el fortín donde fracasó Miguel Sebastián. Y, por añadidura, cede argumentos al frente mediático para que desate de forma preventiva una campaña de desprestigio contra un político que sonaba para surgir en el día después del PP en marzo.

martes, noviembre 13, 2007

¡Qué vergüenza! - por Gabriel Albiac y el "reyggeaton" del "Por qué no te callas"

¡Qué vergüenza!

Gabriel Albiac
La Razón (12/11/2007)


Pálido, desencajado, farfullando palabras tartamudas, repitiendo humildemente, «por supuesto, por supuesto», el Presidente español no se puso, sin embargo, de rodillas ante el dictador venezolano. No era fácil hacerlo con un pupitre delante. Su humillación, salvo ese último acto litúrgico no consumado, fue perfecta. Y la de todos nosotros. Jamás -lo digo tras minucioso recuento de memoria- he visto a un político humillarse así. Ni llevar su pusilanimidad tan lejos.


Pusilanimidad no se opone a heroísmo. Mucho más humildemente, llamamos pusilánime a aquel que renuncia a defender la elemental decencia sin la cual un hombre es bastante menos que una piltrafa. «La pusilanimidad» -definía el inapelable Baruch de Spinoza en el siglo XVII- «se predica de aquel cuyo deseo es reprimido por el temor a un peligro que sus iguales se atreven a afrontar». No, al peligro sobrehumano que exige la apuesta absoluta del héroe. A uno sólo de los tantos peligros que forman parte de la anécdota y el esfuerzo que definen la vida de los hombres. Dando un puñetazo sobre la mesa y llamando a Chávez por su nombre, que no es otro que el de dictador, Rodríguez Zapatero no hubiera tenido que confrontarse a un riesgo físico insoportable. No creo que ni siquiera hubiera entrado Chávez en la sala con un pistolón de los suyos en el bolsillo. Para asesinar a quienes les son antipáticos, los valleinclanescos tiranos banderas han preferido siempre la sombra y el silencio. El terror y la palidez cadavérica del Presidente español, sus tartamudeos, sus «por supuesto, por supuesto» temblorosos, no respondían a la inminencia de una bala en el occipucio. Aunque lo pareciesen.

A nadie le es reprochable su miedo. Si es el suyo, privado y solitario. Pero un político al borde del sollozo frente a un tirano, no es un pobre individuo más, anegado en la angustia de su nadería frente a quien sólo puede ya ver como un monstruo peligroso. La pusilanimidad de un ciudadano sólo a él le afecta; y a la difícil relación con la conciencia que define nuestra paradójica condición de bichos humanos. La pusilanimidad de quien representa a toda una nación -y, más aún, la representa, merced a la voluntaria delegación en las urnas- nos mancha a todos. Sin excepción. Nos hace a todos rehenes del bárbaro caudillo de turno. Votemos a quien votemos, y aun cuando, como es mi caso, no votemos. Y un gobernante que hunde así en el vilipendio de hacer esclava a su nación, por mediación de su propia cobardía, no puede, si le queda una sola neurona -no digo dignidad- en el cerebro, hacer otra cosa que replegarse a aquel lugar del cual nunca debió salir: el saloncito de estar de su familiar domicilio. Cuando el Jefe del Estado español salió, finalmente, de modo violento de la sala, y el Presidente de su Gobierno se quedó sentado con las orejas más gachas que un cachorrillo después de la azotaina, todos supimos a quién representaba el señor Zapatero: no a nosotros, que pagamos su sueldo; sí, al primer tiranuelo de opereta que sepa darle cuatro voces en el tono más adecuadamente destemplado.

Dios santo, ¡qué vergüenza!


sábado, noviembre 10, 2007

"Fachas", por Isabel San Sebastián

Reproduzco a continuación el artículo, que bajo el título "Fachas" ha publicado Isabel San Sebastián en el periódico "El Mundo". En él da cumplida respuesta al lametraserillos y sus acólitos.


Fachas
Por Isabel San Sebastián
El Mundo
10/11/2007



Son ellos quienes reclaman que se instaure la censura en la cadena Cope, pero nos llaman «fachas» a nosotros. Ellos quienes niegan el título de periodista a los que defendemos ideas discrepantes con las suyas, pero se refieren a nosotros como «fachas». Ellos quienes se congratulan públicamente del descenso en la venta de periódicos críticos con el Gobierno (¡ya les gustaría que fuera el caso de éste!), pero nosotros los «fachas». Ellos quienes emplean términos como «golpista» para referirse al diario EL MUNDO, reo de informar con libertad y opinar con pluralidad, pero nosotros los englobados en el calificativo de «fachas». ¿Alguien lo entiende?

Se rasgan las vestiduras por la crispación que presuntamente atizamos en los medios, pero no dejan de atizarnos injurias, descalificaciones y comentarios despectivos.
Abogan por un periodismo limpio y sosegado, mientras emplean toda clase de munición, desde la mentira al humor de trazo grueso, contra cualquiera que se atreva a plantar cara a su discurso. No aspiran a ganar a la competencia ni a conquistar al público; lo suyo es el pensamiento único. Nosotros, los señalados con el dedo acusador.

Su estrategia es de una perversión refinada, perfeccionada a través de los años por distintos regímenes totalitarios. Se trata de liquidar al adversario con toda la fuerza que da el poder, presentando esa labor como una contribución a la buena salud democrática. Aniquilar cualquier disidencia culpando al disidente de su suerte. Convertir a la víctima en verdugo. Dibujar a la oposición, encerrada en el «cordón sanitario» que han tendido con el fin de aislarla, como la bestia feroz que acorrala a las ovejas, para así poder destruirla desde la buena conciencia y tildarnos a la vez de fachas.

Fachas todos, desde los representantes del PP en el Ayuntamiento donostiarra (sentencia Odón Elorza) hasta servidora. Fachas.

PD: «En los últimos años ha habido una actitud clara y beligerante de derrotar al terrorismo nacionalista vasco y al mismo tiempo de denuncia de algunas de las mentiras que había puesto en pie el discurso nacionalista. Esa política se ha hecho por la presión ciudadana, por los movimientos ciudadanos y también porque en el Gobierno de España ha habido una persona que se llama José María Aznar».

(...) «Queremos el reconocimiento humano y queremos el reconocimiento político también de las víctimas del terrorismo. Y en ese trabajo por el reconocimiento humano y el reconocimiento político uno de los políticos vascos que más ha trabajado y con más intensidad ha sido Jaime Mayor Oreja». (José Maria Calleja. San Sebastián. Enero 2005).

lunes, octubre 01, 2007

Ana de Palacio pone en su sitio a Ernesto Ekáizer ("El País")

La noticia completa en Periodista Digital.

La carta que Ana de Palacio ha enviado a "El País" y en la que desmiente las informaciones de este periodista (qué novedad que sus "exclusivas" no sean más que propaganda...) y le tilda de machista:

Rompo mi costumbre de no prestar atención a las sesgadas informaciones y tendenciosos comentarios de Ernesto Ekaizer y respondo a la crónica aparecida el 27 de los corrientes por afectar a terceros.

Lo único relevante del "Sole, hay que salvar a Colin, hay que salvar a Colin", que no habría escrito así de tratarse de un ministro, es el machismo que rezuma. Jamás me he referido a Soledad Alvear con ese "Sole" que me atribuye, y el resto de la frase no es digna de comentario.

En cuanto al veto -fruto asimismo de la imaginación del señor Ekaizer- que yo habría ejercido respecto de un determinado embajador por antiamericano, cabría recordar al señor Ekaizer, entre las muchas reuniones en cuya organización sí intervine, la visita de Estado del presidente Jatamí de Irán, la que SSMM los Reyes realizaron a Siria, o los regulares encuentros con el presidente Arafat, que desmienten la caricaturización de la política exterior española que, en su obsesión por desacreditar al presidente Aznar y de utilizarme a mí para ello, intenta denodadamente difundir el señor Ekaizer; sin reparar, por cierto, en el reconocimiento implícito de la influencia que el Gobierno al que serví proyectaba en la escena internacional, que supone el que me atribuya tal capacidad de decisión sobre la lista de asistentes a una reunión de miembros del Consejo de Seguridad en la que habrían participado, entre otros, el secretario de Estado de los Estados Unidos y el canciller mexicano.

domingo, septiembre 23, 2007

El vaivén de los símbolos - A. Elorza - "El País"

El vaivén de los símbolos
ANTONIO ELORZA
22/09/2007
El País

En entrevista concedida hace poco a un diario madrileño, Fátima Mernissi confesaba que "cada vez que oigo hablar de esta prenda el velo o hiyab, me dan ganas de reír". A su juicio, "son los europeos los que han hecho un problema de ese trozo de tela", que al parecer las mujeres usan o no con plena libertad en casi todos los países árabes. En Francia o el Reino Unido, estaría en cambio "prohibido en nombre del Estado laico" (sic). En relación al integrismo islamista, responde: "No me gustaría estar en la piel de un terrorista, porque tiene que decidir qué hace para sobrevivir". A la escritora no se le ocurre pensar que tal vez resulta peor estar en la piel del cuerpo destrozado de su víctima. Esto tiene mucho que ver con lo dicho sobre el velo o sobre la sensibilidad amorosa del Profeta, contrapuesta a la sensación de libertad en la mujer occidental.

Advertencia: el Profeta no tuvo una, sino nueve mujeres simultáneamente: con el emblema de su enamoramiento, Aisha, referencia implícita de la Mernissi y de tantos académicos islámicos a la hora de presentar la unión perfecta, consumó el matrimonio cuando la niña tenía nueve años. Normal quizás entonces, pero difícil de aceptar como modelo de relación hombre-mujer, frente a los usos de nuestras sociedades. Así como al valorar el velo, no cabe olvidar lo que significa en términos estrictos de sumisión de la mujer, de sanción contra su cuerpo, y en países como Irán o Arabia, de persecución y castigo demasiado reales.

Se trata, en definitiva, del ejercicio de un poder simbólico, en este caso en el islam, que presenta frente al otro los propios símbolos como evidencia de una indiscutible superioridad, requiriendo del destinatario una actitud reverencial. Lo confirmaba el nuevo presidente turco, Abdulá Gül, con el respaldo de Erdogan, al defender la autorización del velo en las universidades. Para Gül, se trata de que las creyentes no tengan que renunciar al estudio por cumplir la norma de la sharía: es decir, o con velo o en casa. A la hora de regular las conductas la ley del Estado ha de subordinarse a la ley de Alá. La erosión del Estado secular kemalista da el primer paso.

El símbolo refleja una situación de poder y legitima implícita o explícitamente el recurso a la fuerza para imponer su reconocimiento. Esto es lo que hace particularmente grave el asunto de las banderas, una vez que el Tribunal Supremo ha dado su dictamen de forma inequívoca. La ausencia de una o varias banderas en sí carece de importancia. Lo que cuenta es que las minorías activas de los nacionalismos radicales, tanto en Euskadi como en Cataluña, imponen por la fuerza la exclusión de un símbolo que encarna al Estado de derecho y a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Este símbolo podrá no gustarnos. A título personal, yo prefiero soñar con la tricolor y en la sala de mi casa luce una pequeña ikurriña, desde los tiempos en que luchar por la libertad vasca era para muchos de mi generación luchar por la democracia en España. Del mismo modo que siempre evité encontrarme en un lugar donde fuera preciso levantarse ante la entrada del monarca en el mismo. Pero las opciones personales son una cosa y otra el respeto a los símbolos de un orden democrático. Por eso no era irrelevante la portada de El Jueves, convirtiendo a unos príncipes anodinos, sin advertirlo los autores ni muchos de los opinantes, en la representación de todos los ciudadanos que se ven sometidos a actos similares de destrucción anticonstitucional de la propia imagen. Y por eso mismo hay que exigir de los cargos democráticos el estricto respeto a la ley en temas como las banderas o en la sanción contra quienes quemen los retratos de los personajes reales.

Un Gobierno y un partido de gobierno que renuncien a ese deber por simple oportunismo, y en nombre de un falso espíritu de tolerancia, no sólo incumplen el papel que les asigna el Estado de derecho, sino que de modo implícito otorgan el poder simbólico, en su vertiente destructora, con el monopolio ilegal de la violencia, a unas minorías radicales que al gozar de impunidad crecerán como mancha de aceite. Dejarles que eliminen por la fuerza o por la amenaza la bandera constitucional, o todo otro signo de pertenencia a España, es tanto como invitar a la consolidación de un catalanismo totalitario, mimético de lo que ya impera en Euskadi.

martes, septiembre 18, 2007

lunes, septiembre 17, 2007

Gabriel Albiac en "La Razón": "Presunción y espectáculo"

Presunción y espectáculo

Por Gabriel Albiac
17/09/2007
Diario "La Razón"

La presunción de inocencia fue ideada como ficción. Que blinda otra ficción: la igualdad jurídica, a la cual Sieyès declara, en 1789, único artificio para acabar con el estamentario Viejo Régimen sin delirar igualdades materiales que privarían de potestad normativa al Estado. La igualdad frente a la ley sólo es pensable allá donde el ciudadano comparezca ante el juez revestido de la plena protección de una inocencia presupuesta. Que nadie sea culpable antes de la sentencia firme, es determinación sin la cual no hay democracia. A nadie se pedirá jamás que demuestre su inocencia: tal es el «password» de una sociedad moderna.

Lo era. Hasta que los medios de comunicación se hicieron universales e instantáneos. Y el mundo se trocó en un inmenso escenario, sobre el cual hay que hacer correr de continuo sangre y melodrama para que la clientela no zapee.

El «caso Outreau» hizo reconsiderar, en Francia, la literatura académica sobre esa joya de las sociedades libres, sin la cual todo es farsa: la presunción de inocencia. La «presunción» real, no sólo sus liturgias. El «caso» es sencillo. Trata de una epidemia de crímenes sexuales escenificados por una banda de pederastas que habrían tomado posesión de toda una periferia urbana: desde la alcaldía hasta la parroquia, pasando por padres y parientes. Las cámaras dieron de ello la cuenta que era previsibles. La prensa escrita no fue más cauta. Día a día, el espectador recibía su dosis de carnaza. Cada mañana, más horrible. Nadie pareció querer preguntarse cómo era posible que cada paso policial, o aun judicial, fuera retransmitido al público anhelante en riguroso directo. Llegó la vista oral. No recuerdo al cabo de cuantos años. Sí recuerdo que uno de los procesados se suicidó.
Que los demás habían ido quedando, material, familiar y moralmente, arruinados.
Llegó la vista oral. Al segundo día, todos fueron liberados sin cargos. Y el Estado entonó la más solemne palinodia por su error desde el «caso Dreyfus». Y la más letal para la magistratura.

Yo pude ver, luego, al juez instructor, deshecho, rendir cuentas ante la comisión de Estado. Era muy joven y había sido muy brillante. Lo era aún lo bastante para entender la raíz de su ruina: la presión de la imagen pública en torno al procedimiento había sido insalvable. «Vio» lo sucedido. Como una evidencia fílmica. Ninguna cautela metódica tuvo fuerza suficiente para poner dique a esa imagen ya «hecha». No hay «presunción de inocencia» que sobreviva a ese tipo de evidencia. Y a los destruidos acusados de Outreau, hubo que unir otro: aquel pobre juez que fue, pocos años antes, uno de los más cualificados estudiantes de su generación. «En la Escuela no me enseñaron cómo enfrentarme a esto», le oí decir.

«Caso McCann». La policía portuguesa filtra cuanto sabe o supone. En minutos. El comisario jefe «no querría tener una madre» tan fría como la de la desaparecida. Antes aún de haber cuerpo del crimen, la policía y la prensa popular han abierto vista oral. ¿Qué queda de la «presunción de inocencia», después de eso? Debería preocuparnos. Es mucho más letal que el «caso» mismo.

viernes, septiembre 07, 2007

"Rosas para Jaime". Iñaki Ezkerra. La Razón

Rosas para Jaime
Iñaki Ezkerra
La Razón, 6/9/2007


Me han preguntado en una radio si tengo algo que ver con la Plataforma Pro y les he dicho que no, que a mis cincuenta años ya no estoy para afiliarme a ningún partido ni aguantar la disciplina y las tonterías que impone la militancia política en general. Bastante tiene uno con seguir en el Movimiento Cívico, que es una militancia light, algo así como ser hermano de La Salle, como estar ordenado pero sin poder administrar los sacramentos propios del sacerdote. Con eso y con apoyar a Rajoy para que eche a Zapatero de La Moncloa es suficiente. Mi faceta masoquista ya me la satisface mi sufrido trato con el PP y no necesito ni del tacón de Rosa Díez ni de la fustita de Savater para sentirme realizado en la vida, lo cual no quiere decir que no les desee la mayor suerte en la labor de quitarle votos al PSOE.

Sí, ya tiene uno bastante con los disgustos que le da el PP haciendo todo el día de oposición a Gallardón y hablando de pactar con Imaz o con Artur Mas cuando sean una mayoría raspada. ¡Pero cómo se puede ir a unas elecciones dando por hecho que de ganarlas será por los pelos! Eso se piensa pero no se dice. Decir eso sirve para quitar las ganas de que te voten. Es renunciar al argumento más eficaz, el del voto útil.

En lugar de lamentar el nacimiento de una formación política que le puede quitar votos lo que debe hacer el PP es ganárselos luciendo a las personas que representan los valores que puede representar el partido rival pero mejor aún que ese partido. Se habla de aprovechar a Rato y eso está bien pero es que se habla como si viviéramos en Suecia y estas elecciones se fueran a dirimir en términos económicos. Como si no hubiera terrorismo ni un Gobierno que lo ha resucitado. No digo que no venga Rato para desmantelar esa ridícula imagen de Zapatero como levantador de una economía que no sabe ni lo que es, pero el que tiene que volver es Jaime Mayor.

No seré yo quien discuta la altura de Rosa con o sin tacones, pero ésta no llega a la de Jaime Mayor. Y no por ser la de Rosa. Es que la talla de Jaime no la tiene nadie. ¿Quién posee su currículum de firmeza contra ETA? ¿Quién nos hizo ver que la podíamos derrotar? Sin Jaime Mayor no habría sido posible Ermua. En vez de preocuparse tanto por los otros lo que el PP tiene que hacer es convertir esas elecciones en la versión patriótica de las del 82, desplegar toda la artillería carismática que tiene porque la tiene, toda la infantería civil de su gente preparada e íntegra, toda su vanguardia paisana y moral.

En estas elecciones tiene que ir Gallardón detrás de Rajoy, pero no sólo Gallardón sino también Esperanza Aguirre y de la manita, sin pegarle codazos. Tiene que ir Rato y también María San Gil para irradiar esa alegría suya capaz de vencer al cáncer español de la resignación. Y sus concejales. Jueguen la carta vasca. Lleven a sus héroes y a sus mártires, a los exiliados con el cura de Maruri a la cabeza y arrasarán en estas elecciones dichosas. Lleven a Jaime Mayor. No discuto las rosas que se le echan a Rosa pero pienso: «Si todo eso es cierto ¿qué rosas no se merecerá el hombre que redujo a ETA a la miseria?».

viernes, agosto 31, 2007

Alfonso Ussía en "La Razón"

Señor Delegado

Señor Delegado o señora Delegada del Gobierno de España en la Comunidad Balear: ignoro -no me interesa-, su identidad, sexo, lugar de nacimiento, estado civil, estudios realizados y características físicas. No se trata de un ardid.. Resulta muy fácil saber quién es, cómo se llama y cuánto tiempo lleva en el menester de la Delegación. Pero me da muchísima pereza descolgar el teléfono para preguntar algo tan innecesario. Usted, para mí, es la nada, y es más agradable escribirle a la nada que a un señor con bigote y barba o a una señora teñida de rubio o de color caoba, que está muy de moda lo del color caoba tirando a naranja del atardecielo, que no lo entiendo, pero se lo informo.

El pasado 22 de agosto, señor o señora, escribí un artículo en el que le hacía saber que en el islote de «Els Colomers», norte de Mallorca, inmediato a Formentor, habían plantado unos descerebrados de Pollensa la bandera republicana y la estrellada independentista catalana. Los hechos fueron denunciados a la Guardia Civil, que a su vez aguardaba sus órdenes para proceder al fin de la gamberrada. Una semana más tarde, nadie de la Guardia Civil ha recibido la orden de retirar las banderolas intrusas. Entienda, señor o señora, mi extrañeza por su falta de reacción y su escaso celo por respetar la legalidad de los símbolos en sus territorios delegados.

Pero he sabido que anteayer, 29 de agosto, ante la pasividad de las autoridades responsables, un grupo de siete jóvenes de dieciséis y diecisiete años, todas ellas mujeres, arribaron al islote a bordo de una «zodiac», y dos de ellas escalaron hasta la cima de «Els Colomers», quitaron la oriflama extemporánea y la insignia independentista e izaron en lo alto del mástil la Bandera de España. Siete niñas, señor o señora, establecieron la legalidad que usted despreció con su pasividad, su cobardía, su comodidad o su contento, que podría darse el caso de que el Delegado o la Delegada del Gobierno de España en Las Baleares fuera un partidario de los «Países Catalanes» de Carod-Rovira o un nostálgico de la efímera grímpola tricolor que tanto contribuyó al enfrentamiento entre los españoles. Porque la I República, señor o señora, mantuvo la Bandera cambiando el escudo, como hicieron los italianos con la suya cuando cayó la Monarquía y se proclamó la República. Pero usted, señor o señora, además de un inane paralizado por el miedo, es probablemente un pobre ignorante. De sus deberes y del pasado común.

Así que siete jóvenes, con muchos más reaños que su cómoda excelencia, le han resuelto el trabajo, que tampoco era para tanto. Firmar una orden a la Comandancia de la Guardia Civil no puede considerarse un esfuerzo agotador. Es usted, señor o señora, más vago o más vaga que la chaqueta de un guardia, según dice el lenguaje costumbrista de la Real Calle, que es la que manda en esto del idioma. Le han puesto en ridículo siete adolescentes que aman y defienden la Ley mucho más que usted, pobre hombre o pobre mujer, timorato o lánguida, atenazado por la mariconería conceptual de su falta de autoridad. Siete niñas, señor o señora, jugándose el tipo, le han puesto a usted el culo en pompa.

miércoles, julio 25, 2007

González Ribera en El Manifiesto: Sobre la legitimidad monárquica

Interesante:

Me resultan sumamente curiosos los conservadores monárquicos, sobre todo por los argumentos que utilizan, o por los argumentos adversos que eligen responder. Me llegan a producir un sentimiento de ternura, de una ternura irónica. Son, por una parte, muy ilustrativos de lo que es el tono general conservador. Una institución es buena, nos dicen, si no se habla mal de ella, o aparentemente nadie está en contra. Oh, sí, interesante punto de vista. Desde luego, es importante pensar si una institución tiene o no respaldo social. Ninguna institución puede mantenerse, y si se mantiene será de forma falseada, si no hay un consenso social no sólo respecto a la existencia misma de la institución, sino respecto a los principios que subyacen.


[Sigue...]

Salvo la parte esa tan rojilla de "hay que regular el libre mercado (capitalismo) blablablá", me ha parecido interesante. Al menos deja claro que eso de la derecha conservadora = monárquica, tururú. De todo hay.

martes, julio 24, 2007

Thomas Sowell: El continuo enfado de la izquierda

Es sorprendente la frecuencia con la que las opiniones de aquellos a la izquierda se acompañan de hostilidad y hasta odio. para muchos de la izquierda, la indignación no es una cosa puntual. Es un estilo de vida.


[Sigue...]

martes, junio 12, 2007

Anson en "El Mundo": A ETA le conviene que ZP siga en la Moncloa



A ETA le conviene que Zapatero siga en Moncloa

LUIS MARIA ANSON

El Mundo

Los embustes de Rodríguez Zapatero en los últimos años han sido tan palmarios, sus compromisos con Eta tan evidentes, sus decisiones en favor de las aspiraciones terroristas tan claras, que analistas del máximo relieve, catedráticos e historiadores, algún líder de televisión, han establecido en los últimos días la teoría del abrazo de Vergara: Eta y el presidente del Gobierno se han puesto de acuerdo en una estrategia a corto plazo para garantizar la victoria zapateril en las próximas elecciones generales. En el momento oportuno se reanudará el proceso de paz, es decir, de rendición, poniendo en marcha la caravana de las nuevas concesiones a los etarras.

A esta maniobra unos la llaman «ruptura pactada», otros «desencuentro cordial», los más «el nuevo paripé». Sin restar sagacidad a este análisis, yo no creo que responda a la realidad. En el think tank que rodea al presidente en su madriguera monclovita hay mentes muy retorcidas, pero no sé si tanto. La realidad me parece más sencilla. Eta ha tratado a Zapatero como a un pardillo, ha jugado con él, le ha obligado a concesiones indecentes, le ha puesto de hinojos y a sus pies, le ha sacudido con un bombazo, le ha obligado a escribir páginas vergonzosas como la de Otegui y De Juana, le ha exigido la internacionalización del conflicto y el regreso a las instituciones del Estado. Y una vez conseguido todo esto, con Navarra y la autodeterminación todavía no maduras, se ha mofado del presidente difundiendo un comunicado que le deja in púribus.

Hay sin embargo una premisa de la que es necesario partir: a Eta le conviene que el actual inquilino de Moncloa gane las elecciones generales y permanezca en su palacio, dominado por la enfermedad crónica que padece: la ludopatía política. La banda terrorista no encontrará a un hombre más plastilina que Zapatero I el de las mercedes. Me decía anoche un inteligente catedrático de Historia: «La actitud de Eta en este asunto parece clara. Se han dicho: «Este percebe de Zapatero ha perdido las municipales por la reacción popular contra los compromisos adquiridos con nosotros. Vamos a liberarle durante un tiempo para que recupere el terreno perdido». Eso sí que parece probable. Los estrategas de Eta han demostrado ser excelentes. Juegan a medio y a largo plazo. Y de ellos se pueden esperar las maniobras más retorcidas».

Tal vez sea así, quizá tenga razón mi interlocutor. En cualquier caso, en todo lo relacionado con Eta, yo afirmo, desde hace muchos años, esta base inconmovible: Eta quiere el poder, todo el poder, en el País Vasco y Navarra. Hasta que no lo consiga, entre treguas trampa y procesos engañosos, avanzando en zigzag, continuará asesinando y extendiendo chantajes y violencias. No entender esto, como ha explicado muy bien Jaime Mayor Oreja, es carecer de la menor idea del partido que se juega en el País Vasco y del reglamento con que se juega.

Rajoy, tras su reunión de ayer en Moncloa, dispone, sin duda, de una información de la que yo carezco. Ojalá no se equivoque y no se convierta en víctima, una vez más, de los embustes y las trapisonderías de Zapatero, cuya única actitud moral y democrática, tras el comunicado de Eta, era la dimisión y la convocatoria de elecciones generales anticipadas.

viernes, junio 08, 2007

ETA culpable, Gobierno responsable - Por Rosa Díez

ETA culpable, Gobierno responsable

ROSA DIEZ

En febrero del año 2003, pocos días después del asesinato de Joseba Pagazaurtundua, Basta Ya convocó una concentración delante de Ajuria Enea, sede de la Presidencia del Gobierno vasco. Llevábamos una pancarta y un lema: «ETA culpable, Gobierno vasco responsable». Allí, junto a Fernando Savater, María San Gil y todos nosotros, estaban Nicolás Redondo, Javier Rojo, Alfonso Alonso, Mario Onaindía, Ramón Rabanera, Ramón Jáuregui... Y junto a ellos, centenares de ciudadanos defensores del constitucionalismo en el País Vasco. A partir de ese día, todos juntos, como un clamor, empezamos a exigir al Gobierno vasco que asumiera su responsabilidad por haber desarrollado -de espaldas a todos nosotros y rompiendo los consensos básicos- una política que se había mostrado errónea para combatir eficazmente al terrorismo.

Ante nuestra exigencia cívica, de primer curso de democracia, hubo voces -la prensa y los voceros oficiales del nacionalismo vasco- que trataron de demonizarnos por «criticar al Gobierno vasco en vez de ir en contra de ETA». Dirigentes del PNV dijeron que algunos de nosotros «sólo estábamos cómodos cuando ETA mataba». Otros líderes nacionalistas dijeron que teníamos «más interés en que el PNV perdiera las elecciones que en derrotar a ETA». Y otros nos dijeron que «no era el momento de las críticas, sino el de la unidad».

A todos les explicamos que sabíamos bien distinguir entre la culpabilidad y la responsabilidad. Que naturalmente ETA es la culpable en exclusiva de los crímenes, de las extorsiones, de las persecuciones, de las amenazas. Pero que el Gobierno es el responsable de la política que se aplica en la lucha contra el terrorismo y de sus consecuencias. Y que era doblemente responsable en la medida en que había roto un consenso mínimo, el Pacto de Ajuria Enea, y por estar en contra del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, pacto que se había convertido en el instrumento más útil para combatir y derrotar a ETA.

A todos les explicamos que la asunción de responsabilidades por parte de los gobernantes es el abecé de la democracia, y la exigencia de que las asuman, el abecé de la ciudadanía.

A todos les dijimos que la unidad y el consenso que se nos exigía requiere de una premisa fundamental: que hemos de ponernos de acuerdo sobre lo que queremos hacer juntos. Y que mientras el Gobierno de Ibarretxe no quisiera comprometerse a derrotar a ETA sin ningún tipo de paliativo, mientras creyera que la respuesta a los chantajes había de ser el diálogo, mientras creyera en la política de apaciguamiento con los terroristas, mientras no estuviera dispuesto a aplicar la ley sin ningún tipo de componenda circunstancial, era imposible que camináramos juntos.

Todo eso ocurría en febrero de 2003. Todo eso ocurría en Euskadi. Hoy, salvadas las distancias, podríamos decir que se repite la historia. ETA ha roto la tregua y amenaza con actuar en todos los frentes. Y se escuchan (sintetizando) dos discursos. Uno es el que dice: «La única responsable es ETA. Lo que hay que hacer es apoyar al Gobierno». El otro dice: «El Gobierno debe hacer autocrítica por su política antiterrorista. Para que volvamos a caminar juntos debe fijar su objetivo en la derrota de ETA».

Los defensores del Ejecutivo ponen el grito en el cielo ante el segundo discurso. Acusan a quienes lo hacen (lo hacemos) de tener «más interés en derrotar al Gobierno que a ETA». Y nos recuerdan que «la única responsable es ETA». Parece que la historia siempre se repite, aunque cambien algunos protagonistas. Así que voy a hacer un esfuerzo por resumir y repetir algunos argumentos que nos sirvieron para hacer pedagogía democrática en 2003, cuando tuvimos la osadía de exigir responsabilidades al Gobierno vasco.

La culpable, que no responsable, de romper la tregua es ETA, única y exclusivamente ETA. Pero el Gobierno es enteramente responsable de que esta ruptura se produzca en una situación en la que los movimientos cívicos están mucho más débiles que hace tres años y las instituciones democráticas mucho más fragilizadas -por mor del papelón que han jugado durante todo el proceso desde la Fiscalía a los tribunales y la Abogacía del Estado-, y de que ETA esté mucho más fuerte, más y mejor organizada, con más recursos económicos y humanos, con más comandos operativos y con presencia dentro de las instituciones democráticas.

Es la política del Gobierno la que ha tenido estas consecuencias negativas para los demócratas y positivas para los terroristas. Fue el Gobierno quien optó por cambiar una política antiterrorista que estaba resultando exitosa y que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles. Fue el Gobierno quien decidió romper un pacto que sumaba a más del 80% del arco parlamentario y sustituirlo por otro que aglutinaba a poco más del 50%. Fue el Gobierno quien decidió romper con una política apoyada por la mayoría de los movimientos cívicos y las asociaciones de víctimas para buscar el aplauso de aquellos que nunca quisieron derrotar a ETA o que incluso piensan que «ETA tiene sus razones». Fue el Gobierno quien decidió explorar la vía del «final dialogado de la violencia», abandonando el compromiso de la firmeza para la derrota de ETA. Y de la misma manera que nunca he cuestionado la legitimidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para cambiar de política antiterrorista, si creía que con una diferente iba a conseguir mejores resultados, tenemos el derecho a exigirle que asuma su responsabilidad por el fracaso de la misma. Esto es tan obvio, tan de primero de democracia, que resulta verdaderamente preocupante que haya que explicarlo.

ETA está hoy en mejores condiciones para atentar que hace tres años. Todos los españoles saben -los diferentes medios de comunicación han publicado los informes de los expertos franceses y españoles- que ha aprovechado esta tregua para reorganizarse, para financiarse, para preparar nuevos comandos, para organizar con mayor precisión nuevos atentados. Todo el mundo sabe que durante estos tres últimos años ETA ha pasado de haber perdido la esperanza -recuerden el comunicado desde la cárcel, poco después de que el PSOE ganara las elecciones, de algunos de los presos terroristas más sanguinarios en el que le pedían a la banda que abandonara la violencia «porque ya no iba a ser eficaz»- a permitirse chantajear al Estado. Todo el mundo sabe que el Partido Comunista de las Tierras Vascas y ANV están en las instituciones como consecuencia de esa política de apaciguamiento por la que Zapatero optó. Y todo el mundo sabe que ambos grupos son parte del entramado de ETA. Todos sabemos que la negativa de los responsables del Gobierno a aceptar la existencia de extorsiones y la gravedad de los actos de terrorismo callejero, su empeño en minimizar la importancia de los robos de armas, de los zulos, de la concentración de Aritxulegi con disparos al aire y goras a ETA y el reconocimiento como interlocutores a los dirigentes de Batasuna-ETA, ha dado cobertura social a los cómplices de la banda y les ha permitido reorganizarse con mayor impunidad.

Siempre critiqué la decisión del presidente del Gobierno de cambiar la política antiterrorista. Siempre me pareció un enorme error su insistencia en repetir viejas recetas que ya se habían demostrado fracasadas. Siempre rechacé su decisión de romper con una política que estaba teniendo un enorme éxito para embarcarse en una aventura con más que dudosas expectativas. Aunque nunca pude comprender en qué basaba su expectativa de éxito -que como se ha demostrado era completamente falsa-, no dudo de que el presidente creyera que con su apuesta personal iba a conseguir que ETA desapareciera. No me meteré ahora en más disquisiciones sobre el diferente significado del final dialogado de la violencia y de la derrota de ETA, porque no es ahí a donde hoy quiero llegar. Pero de la misma manera que presupongo la mejor de las voluntades a quien tiene la responsabilidad de dirigir la política antiterrorista, ni quiero ni puedo obviar mi derecho a exigir la asunción de responsabilidades ante el fracaso de esa opción. Así que dejémonos ya de palabras huecas, de fabulaciones, de llamadas vacías al consenso. El nuevo consenso requiere rectificación. Si ésta no se produce, la apelación al mismo es sencillamente una llamada retórica cuyo único objetivo es cubrirse las espaldas ante los ciudadanos y afear la conducta a quienes no estemos dispuestos a decir «amén».

Yo quiero apoyar la política antiterrorista del Gobierno, pero no una que ha provocado esta situación de debilidad democrática y de enorme incertidumbre. Yo quiero apoyar la política antiterrorista del Gobierno, pero no una que le ha servido a ETA para fortalecerse y para volver a las instituciones. Yo quiero apoyar una política antiterrorista que esté basada en un pacto de Estado para derrotar a ETA, pero no apoyaré nunca una que exija cesiones «a unos y otros», como si víctimas y verdugos pudieran ser homologables. Yo quiero apoyar una política antiterrorista que busque la complicidad de los movimientos cívicos, que acredite a las víctimas, que sea implacable con los verdugos y con sus entornos, que proteja social y emocionalmente a los perseguidos. O sea, quiero apoyar al Gobierno, pero no lo apoyaré para que haga lo que ha venido haciendo hasta ahora en esta materia.

Dejémonos de milongas y de frases huecas o políticamente correctas y llamemos a las cosas por su nombre. Quien crea que la política del Gobierno era la correcta aunque no haya tenido éxito, que lo diga, pero sepa que no va a encontrar mi apoyo para seguir aplicando esa misma política: con un experimento ya hemos tenido más que suficiente. Porque conviene que los aficionados al diseño político comprendan que detrás de cada decisión fracasada existe un rostro y un drama humano. Y puedo asegurarles que hoy en el País Vasco hay muchos más niños con miedo por sus padres que hace tres años. Pero si el Gobierno y el PSOE son capaces de rectificar, de hacer autocrítica de fondo, que sepan que estaré la primera para echar una mano. Pero para disimular y repetir la historia, conmigo que no cuenten. La exigencia de autocrítica y rectificación no está derivada de ningún tipo de prurito: en nuestro caso es pura necesidad de supervivencia. Porque sólo si rectifican seremos capaces de reorganizarnos para defendernos del enemigo en las mejores condiciones. No creo que haya que esperar a encontrarse en un funeral.

miércoles, junio 06, 2007

En caída libre - Por Gabriel Albiac

La Razón, hoy.

En caída libre

Gabriel Albiac


La racionalidad política no se ajusta a modelos trascendentes. Ni siquiera externos al interés del sujeto que diseña sus estrategias. Es una economía de los costes precisos para obtener los beneficios buscados. Triunfa, cuando lo conseguido supera al precio. Pierde, en caso contrario. La economía general de lo político exige que cuanto gana uno lo pierda, exacto, el otro. Nada, en política, se resuelve beneficiosamente para todos. La jerga del «ni vencedores ni vencidos», encubre mal la arrogancia del que ganó. Las treguas escenifican eso.

En esta que acabó ayer, dos contendientes han desplegado, en la penumbra, su estrategia sobre un doble tablero: el militar y el político. Cerrada la larga partida de casi tres años, es hora de hacer balance. Sin que la pasión nuble la percepción limpia de lo pasado.

ETA necesitaba la tregua en 2004. Por razones logístico-militares, tanto cuanto políticas. Nunca había sido tan zarandeada como lo fue en los últimos cuatro años de Aznar. Sin una sola concesión, además, al crimen de Estado que pudrió a González. Policialmente muy infiltrada, la organización había visto caer comandos en cascada; había visto, sobre todo, abrirse la sospecha de que la fuente policial tenía que provenir del vértice de su grupo dirigente. Cuando una organización clandestina llega a ese grado de sospecha interna, sabe que sólo hay dos caminos: disolver, o recomponer la red desde cero y con criterios nuevos. El paréntesis de una tregua larga es imprescindible para eso. Tres años después, no hay un solo mando policial que no reconozca el pleno éxito con que ha sido consumada esa tarea. De la casi transparencia de inicio de 2004, ETA ha pasado a ser, de nuevo, por completo opaca. E imprevisible.

La necesidad de la tregua no era menor en lo político. El pacto de Estado entre PP y PSOE -aun cuando, en la práctica, violado por el segundo desde su origen- daba cobertura fiable a una ciudadanía vasca en trance de oponer batalla pública al independentismo en el País Vasco; y aun al nacionalismo clásico. A duras penas si el PNV había logrado mantener su poder en las anteriores autonómicas. De prolongarse la tendencia, el vuelco electoral -el primero en un cuarto de siglo- pasaba a ser verosímil. Sus consecuencias, inaceptables. También aquí, la tregua indujo beneficios óptimos. Legalizado el frente político abertzale, a través de ANV, quebrado el tejido social contrario al independentismo por los sucesivos golpes de la administración madrileña, el ascenso, tanto social cuanto electoral, de la opción ETA era previsible. Ha superado las expectativas. Hasta asustar a un PNV que empieza a comprender cómo, en el mapa que apunta, corresponde a ETA el papel de partido-Estado que los de Arzallus e Ibarreche han jugado desde la Constitución del 78.

Y lo que un contendiente gana, lo pierde el otro. Es la política. Al cabo de tres años, Zapatero ignora todo sobre la nueva ETA. Se ha quedado sin más aliado estratégico eficaz que el MLNV: particularmente en Navarra, en donde el movimiento decisivo se juega. Y por el MLNV ha sido abandonado ayer a su destino. Caída libre.

lunes, junio 04, 2007

Titadyn - Por Federico Jiménez Losantos

Titadyn

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Los ecos en la izquierda y en la derecha de las elecciones del 27-M, cada vez más estruendosos, no deberían hacernos olvidar que la presunta Administración de Justicia está cubriendo las últimas semanas del juicio del 11-M.

Muchos considerarán intolerable que termine así un juicio sobre la mayor masacre de la Historia de Europa, después del cual no sabemos ni qué estalló en los trenes, ni de dónde venía ni quién lo puso, ni quién ideó la masacre, ni quién está dirigiendo el enmascaramiento de su autoría, o sea, protegiendo a sus verdaderos autores, desde la misma mañana del 11 de Marzo.

En realidad, haber constatado esa desvergonzada manipulación por parte de poderosos sectores de las Fuerzas de Seguridad del Estado, incluido el CNI, es lo único que puede decirse en favor del espectáculo jurídico-político-teatral de la Casa de Campo. Eso y, claro, el primer análisis científico del arma del crimen, es decir, de lo que realmente estalló en los trenes, ordenado por el magistrado Gómez Bermúdez tres años después, cuando el juez instructor y la Policía habían destruido prácticamente todas las pruebas necesarias para realizar una investigación seria sobre la masacre, paso indispensable para identificar y condenar, si las pruebas fueran suficientes, a sus autores, si estuvieran en el banquillo.

Ese análisis científico no ha podido establecer con absoluta seguridad, por falta de material analizable (y recuérdese que se volaron cuatro trenes en cuatro estaciones con casi 2.000 víctimas, de forma que la destrucción de pruebas ha sido gigantesca), qué sustancia estalló en los trenes, pero sí ha podido establecer sin duda que entre los componentes del explosivo están el DNT en todos los focos y la nitroglicerina, al menos, en uno, el del Pozo, al que no llegaron la fregona o aguacetona de los Tedax.

Esos datos liquidaban la última versión oficial del Gobierno y la Fiscalía, basada en que lo que estalló fue Goma 2 ECO de Mina Conchita, pero que contaminada con DNT en las dependencias policiales atravesando hasta cinco paredes, cinco, que lo impedían. Ah, y que la nitroglicerina proviene de Goma 2 EC de Mina Conchita. Pero Valeyá está maldita o aojada por los hechos: los fabricantes del explosivo han dicho oficialmente que la Goma 2 EC no lleva nitroglicerina desde hace 15 años, 12 desde el supuesto robo.

O sea, que ni moléculas de DNT voladoras, capaces de volatilizarse y luego condensarse a temperatura constante, y lanzarse a perforar papel, plástico y metal; ni tampoco Goma 2 EC: nada de nada. Por los datos que tenemos, como decía anteayer el editorial de EL MUNDO, descartadas la Goma 2 ECO y sus contaminaciones, todo apunta a que lo que estalló en los trenes fue Titadyn, explosivo habitual de ETA, a que Gobierno, Justicia y Policía nos han mentido, y a que ya sólo falta que Gómez Bermúdez les avale la trola.

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